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NO TODAS LAS RUTAS LLEVAN AL NACIONALISMO |
El Nacionalismo no es un fenómeno nuevo en Chile. En distintos momentos de la historia patria - cuando las amenazas externas o interiores oscurecían el horizonte -, ha estallado como relámpago en medio de la tormenta, aquella energía aglutinadora que en los tiempos de dificultades emerge indefectiblemente desde lo más profundo del alma colectiva. Presencia Nacional no pretende por tal motivo adjudicarse la exclusividad en esta apasionante materia. Existe sí algo que es novedoso, tanto en su génesis como en su concepción de esta realidad que es la Patria.
En primer lugar cabe señalar que Presencia Nacional es la expresión escrita y visual de lo que es nuestra concepción del mundo y en especial de este Chile que somos nosotros mismos. Quien crea que detrás de este periódico existe ya un movimiento político organizado, está en un error. He aquí entonces una diferencia fundamental con aquellos grupos nacionalistas hoy existentes y con los que cobraron vida en el pasado: no nos interesa ingresar a la política tradicional porque ello significaría con toda seguridad ser absorbidos por el mismo sistema que nos proponemos sustituir; tampoco queremos prestarnos para ser meros reservorios de los nacionalismos europeos históricos que si bien admiramos, no constituyen respuestas a nuestra realidad nacional - al menos no en todo -, ni a los desafíos que nos plantea el presente. Lo hemos dicho antes, sólo aceptaremos como auténtica representante de un nacionalismo propiamente chileno a aquella fuerza que emerja desde la raíces mismas de la chilenidad, y siempre que se sometan previamente a ella, las creencias, aspiraciones, y expresiones individuales o grupales de toda índole, que siendo inherentes a la libertad humana, no deben transformarse en un obstáculo para la unidad de todos los chilenos (principio clave de nuestro pensamiento nacionalista). Nuestra misión es por ahora sólo servir de catalizadores, creando las condiciones para que dicha erupción sea espóntanea y, en consecuencia, legítima e incontrarrestable.
Segundo, y esta es nuestra máxima singularidad, el nacionalismo de Presencia Nacional es de procedencia absolutamente natural, despojado de todo antecedente ideológico que pudiéramos haber conocido y de cuanto consideramos patrioterismo inútil, sentimental, y por ende, efímero e intrascendente. Le hemos denominado insistentemente a lo largo de todos estos años: instinto patrio racionalizado. Tampoco nos mueve el resentimiento contra un sector determinado cuando condenamos la prepotencia de los políticos profesionales y sus financistas, pues ello es contrario a un genuino espíritu nacionalista que debe caracterizarse por una búsqueda constante de la unidad y diferenciación de la raza chilena, cualesquiera sean las inaceptables injusticias que se den en el seno de nuestra sociedad y que por supuesto deben ser superadas con la mayor urgencia. Ya sabemos a dónde conducen las odiosidades entre los distintos estamentos en que se ha dividido la comunidad nacional, especialmente a través de lo que significó la arremetida marxista de la última mitad del siglo pasado, cuyas reclamaciones contra la clase dominante y sus excesos, sus abusos, y su indolencia, provocó una confrontación sangrienta que sirvió sólo para acrecentar el poder de sus tradicionales detentadores, y para convencer a los "revolucionarios" de esos años de las bondades del régimen que habían combatido con tanto encono y de las que hoy disfrutan a expensas de las necesidades insatisfechas de la “clase” postergada cuyos derechos aseguraban defender.Como se puede apreciar no todas las rutas convienen al Nacionalismo.
Otros compatriotas sostienen que la lucha contra el centralismo santiaguino sería una senda hacia la integración nacional. No entendemos cómo podría alcanzarse tan noble objetivo exacerbando las reivindicaciones regionalistas. No debemos olvidar tampoco que la tentación centralista se da también en las regiones. A pesar de la voracidad capitalina y el crecimiento monstruoso de esa megalópolis que concentra más del 40(!?) por ciento de la población nacional, estimamos que un regionalismo rencoroso, que en ocasiones adquiere ribetes separatistas, no sólo es contrario a los objetivos unitarios sino, además, condenable. Nunca aceptaremos el desmembramiento territorial o político de nuestra Patria.
Seguir la ruta que conduce a un sistema nacionalista, diseñado para los chilenos, ordenado, sin las espantosas desigualdades que escenifican simultáneamente el "paraíso" y el infierno en nuestro país, supone internarse en un proceso contrarrevolucionario que signifique desarmar todo el esquema político actual (ficticio y voluntarista), que está plagado de leyes, normas y supuestos que sólo sirven a quienes controlan el aparato estatal. Bajo sus escombros descubriremos las LEYES NATURALES, de cuyo imperio ninguna sociedad puede prescindir si realmente pretende buscar la felicidad y evolución de todos sus miembros legítimos. Para comenzar a transitar por una vía nacionalista es preciso: 1) concebir a la Patria como un ente natural - en ningún caso como sinónimo de Estado -, producto de la conjunción de un Pueblo (Nación), el territorio que lo cobija, y de individuos distintos en sus capacidades y anhelos (es decir, libres), pero fuertemente unidos por la raza y comprometidas sus voluntades en un empeño comunitario; 2) reemplazar el Estado-nación (un engendro antipatriota) por el Estado Nacional, como verdadero exponente del Pueblo de Chile y de sus intereses; 3) poner punto final a la inmigración y prohibir absolutamente los casamientos con extranjeros (porque no puede haber unidad nacional sin homogeneidad racial, no deben continuar los matrimonios de los sectores pudientes con judíos, árabes, yanquis y europeos, ni los enlaces, especialmente con argentinos, de los personajes del deporte y la farándula, como tampoco es posible que los más postergados continúen mezclándose con peruanos y otros inmigrantes provenientes de distintos puntos de América); 4) reemplazar el concepto de "propiedad privada" por el de espacio privado, en el cual cada chileno pueda desarrollar plenamente sus aptitudes sin ser su dueño, estando por tal razón impedido de enajenarlo o legarlo; 5) cambiar la familia actual por Familias Nacionales en las que todos los niños chilenos tengan las mismas oportunidades; paso decisivo para eliminar la odiosa segregación social; 6) aumentar significativamente la población auténticamente nacional, incentivando a las parejas chilenas sanas y prolíficas.
El camino hacia el Nacionalismo está lleno de obstáculos difíciles de superar; pero como no existe otro, debemos transitarlo, cueste lo que cueste, si queremos retornar al seno de la Patria natural, cuyo abandono nos ha acarreado tantos males. (slch)
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21 DE MAYO DE 1879: UN EJEMPLO A SEGUIR |
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Los héroes patrios de nada servirían si su ejemplo no estuviera siempre presente en nuestra vida ciudadana. Los valientes de Yungay, de Iquique y Punta Gruesa, del Morro de Arica, de La Concepción, de Laguna del Desierto y de múltiples otras batallas en que la pujanza de la raza alcanzó alturas olímpicas, han dejado impreso su sello en las generaciones que integran la Nación eterna. Hoy, mientras tengamos paz, su espíritu indomable vive - verbigracia - en las mujeres y hombres , que con su esfuerzo silencioso hacen Patria educando a sus hijos para transformarlos en ciudadanos útiles, a pesar de las diversas carencias que deben superar. Nuestros héroes lucharon por la grandeza de la Patria y sus nombres quedarán por siempre grabados en lo más profundo de la memoria de los chilenos; ellos dieron a la Nación una historia que la llena de orgullo, capaz de mitigar la sensación de mediocridad generalizada que hoy nos embarga. En cambio, quienes han construido sus existencias en función del enriquecimiento y del egoísmo - además de haber arruinado materialmente a muchos - han descendido ellos mismos a la sima de la miseria humana y nunca alcanzarán por ello la vida eterna reservada para aquellos que sirven de paradigma a las generaciones que les suceden. El sistema actual - saturado de individualismo e intrascendencia - impide que la mayoría recoja el precioso legado de aquellos hombres y mujeres superiores. Cada vez es más difícil que surjan ciudadanos que puedan emular a esos chilenos ilustres que tan profusamente nos brindó nuestro pasado colectivo. En nuestros días es imposible distinguir a Carrera, O'Higgins, Prat, y los demás, en las actitudes de los políticos, artistas, intelectuales, religiosos, profesionales e, incluso, en el seno de las instituciones armadas. No puede esperarse que brote la abnegación en medio de tanta dispersión de intereses y afanes, salvo - repetimos - en aquellos héroes anónimos que conviven cotidianamente con las privaciones. Sólo en medio de una sociedad nacional donde las dificultades sean compartidas por todos, pueden emerger las virtudes que dan significado y esplendor a la vida comunitaria. Prat y sus hombres no murieron por defender el salitre, ni por algún acuerdo comercial, ni por el Estado, ni por la Armada, ni por la Ley, ni por cumplir con su deber o las órdenes recibidas. Ellos ofrendaron su sangre a la Patria para salvar a la Nación de las amenazas externas, para darle unidad y sentido de pertenencia a los chilenos. Estos fueron sus motivos, no el cálculo interesado de los efectos que ello podría tener en la economía o en la posición de alguna agrupación política. Para ser héroe se requiere un estado de conciencia especial que sólo alcanzan quienes han recibido como don un magnífico trozo del alma nacional. (slch)
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En diciembre habrá nuevamente elecciones presidenciales y parlamentarias. Una vez más los chilenos deberán concurrir a los locales de votación, juntamente con aquellos individuos que han sido chilenizados por decisión del Estado y que, inexplicablemente, ejercen también los derechos que obviamente sólo deberían corresponder a los nativos. Pero, como a la clase política le interesa nada más que tener gente que vaya a sufragar, sin importar de dónde viene y cuáles son sus antecedentes, no muestra escrúpulos a la hora de regalar a diestra y siniestra la nacionalidad chilena y permitir que nuestro país se llene de rostros, idiomas, y acentos extraños. Como si esto no fuera ya demasiado, las elecciones, especialmente las presidenciales, están destinadas a "elegir" un nuevo desgobierno (no importa quien triunfe, Chile siempre pierde) destinado a seguir avanzando en el camino del desorden, la inseguridad, la corrupción, el individualismo, la desigualdad, y otras lacras, que nos llevarán sin duda a ser una sociedad "desarrollada" para el año venidero, el año del Bicentenario como erróneamente se le llama. De seguro el próximo desgobierno propondrá nuevas leyes que protejan la vida y la tranquilidad de los antisociales, hoy amagadas por las ilusiones de justicia de las víctimas de sus violaciones, asesinatos y violentos robos; quizás continuará debilitando aún más la eficacia de las fuerzas de orden, sancionando con severidad a los policías que tomen demasiado en serio su rol de defensores de la paz social, obligándolos a caer en actitudes de indiferencia, relajo, e incluso, en ciertos casos lamentables, de franca colaboración con el lumpen. Creemos también que el nuevo desgobierno hará realidad el sueño matrimonial de los homosexuales; total ya está bueno de vivir subordinados a las anacrónicas leyes naturales, es hora de dar paso definitivo a las "sabias" leyes políticas. También suponemos que el flamante desgobierno que asumirá en marzo del 2010, hará lo posible por consolidar la tarea deschilenizadora de sus predecesores, dictatoriales y "demócratas", gracias a la cual el pueblo chileno será muy distinto al del presente en los cien o ciento cincuenta años venideros; la riada incesante de africanos, asiáticos, latinoamericanos, yanquis, etc, nos permitirá modificar monótonas características raciales y morales que sólo obsoletas naciones sanas se molestan en preservar. (slch)
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NACIONALIZACIÓN DE LOS MEDIOS |
Si queremos enfrentar de verdad los graves problemas que aquejan a nuestra sociedad, debemos comenzar por poner los medios de comunicación - instrumentos mediante los cuales se deforma la mente de los chilenos - bajo control nacional. Hay que apoderarse de los medios de comunicación masivos como paso previo insoslayable si se aspira a que Chile transite por un camino propio que nos permita recuperar el ser nacional. El nacionalismo (que no consiste en un movimiento político más, como suele pensarse) es la expresión natural de la Nación plenamente consciente de su identidad; de sus particularidades; de su misión como tesorera y transmisora de valores y tradiciones patrios que aseguran la continuidad. Es el espíritu nacionalista, entonces, el que debe copar los medios de comunicación. ¿Es esto totalitarismo? No, de ningún modo. No se trata de coartar la libertad que cada chileno tiene de manifestar sus ideas, pero es necesario dejar muy en claro que tal libertad no puede llegar al extremo de volcarse contra el honor, los intereses, y la propia existencia de nuestra Patria; aceptar tal anormalidad, como hoy sucede, es caer en un permisivismo suicida y, por tanto, inadmisible. La peor acción antisocial - porque además es la fuente de muchas otras - es referirse a la Patria en términos despectivos o indiferentes. Tal conducta no puede provenir sino de extranjeros o de chilenoides (no podemos imaginar a chilenos auténticos actuando de tan vergonzosa manera). La libertad, como toda manifestación inherente a la naturaleza humana, es inviolable, siempre que ella tenga por objetivo el bien común nacional; si así no ocurre, se transforma en un decadente y nocivo libertinaje.
Para escribir en un diario o revista, ser locutor o comentarista de radio, y animador, panelista o conductor de televisión, es preciso, en primer lugar, ser chileno militante. ¿Por qué..? Muy sencillo; porque así como una familia tradicional no permitiría jamás que alguien ajeno a ella influyese sobre sus hijos, inculcándoles antivalores, o ideas contrarias o simplemente distintas a los que ella les entrega, del mismo modo y con mayor razón, tampoco podemos aceptar que tal cosa ocurra a nivel nacional.
Cuando hablamos de chileno o chilena militante nos referimos a quien no adhiere a otro partido que no sea la propia Patria. Abominamos de toda militancia que pretenda estar por encima de aquello que nos une a todos los chilenos de nacimiento. No podemos entonces caer en la desnaturalización de consentir que extranjeros y chilenoides (es decir, individuos con sólo apariencia de chilenos), disparen contra nuestra Patria, la menoscaben, posterguen a nuestros artistas, exalten todo lo foráneo, ridiculicen nuestras costumbres, pisoteen impunemente nuestra historia y a nuestros héroes, dividan a nuestro Pueblo con consignas políticas, religiosas, o de cualquier naturaleza, y permitan que los metecos ocupen las plazas de trabajo que debieran estar destinadas a absorber la cesantía interna. Eso no puede ser aceptado, a menos que deseemos autoeliminarnos como colectividad distinta y autónoma. Como ello está muy lejos de nuestros anhelos, no queda sino poner término cuanto antes a tamaña aberración.
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