Ahora que estamos en el Mes del Mar y al conmemorarse el 130º Aniversario del Combate Naval de Iquique, vamos a ingresar nuevamente a las páginas de nuestra historia y en particular a ciertos aspectos en los cuales no se ha hecho énfasis con el tiempo.
En primer lugar cabe señalar que Arturo Prat Chacón, como Capitán de Corbeta y luego de obtener su título de abogado, fue transbordado a la Gobernación Marítima de Valparaíso con el propósito de participar en la redacción del proyecto de la primera Ley de Navegación que tuvo nuestro país en 1878.
Por otra parte y siendo un tema de gran importancia, como el calificar al factor humano que intervino en tan desigual contienda, nos referiremos expresamente a quienes formaron parte de la dotación de la corbeta “ESMERALDA” el 21 de Mayo de 1879, cuando se vio forzada a enfrentarse con el monitor peruano “HUÁSCAR” en la rada de Iquique. En aquella época y dado la demanda de recursos humanos que exigía la Guerra del Pacífico, era usual que en Valparaíso o en otros puertos más al Norte, se reclutara a la gente directamente a bordo de las unidades de la Escuadra, como lo hizo en la vieja corbeta el Teniente Luis Uribe Orrego, quien seleccionaba a los postulantes y los inscribía en los roles de tripulación de su unidad. Este mismo procedimiento utilizó el Ejército para enrolar a los voluntarios que querían integrarse a sus regimientos.
En el caso de la legión inmortal de la “ESMERALDA”, no fue una cohorte escogida como lo fuera una legión tebana en la antigüedad.. Fue todo lo contrario, los mejores buques, ya listos para la mar desde Noviembre del año 1878, habíanse llevado la flor de la marinería del Pacífico entre los cuales se encontraban los porteños, los chilotes, los piucos de Carelmapu y de Calbuco, los guanayes del Maule y los changos de los médanos del Norte, entre otros.
Sólo el 20 de Febrero de 1879, o sea una semana después de la ocupación de Antofagasta, la “ESMERALDA” recibió la orden de alistarse y de este modo, el Teniente Uribe se instaló a bordo para proceder al enganche de la dotación de la corbeta, la que se completó en dos días, desde condestable a grumete; lo que permitió que el 23 de Febrero del mismo año hallábanse inscritos 185 hombres para hacerse a la mar el 8 de Marzo al mando del Capitán de Fragata Manuel Thomson Porto Mariño.
Pero, hay un detalle que cabe destacar y es que el personal de maniobras y navegación del buque, dada la excelencia guerrera imperante en el Pacífico de ese entonces, estaba también compuesto de hombres de otras nacionalidades como: el italiano Rosso Bartolomeo; el alemán Alejandro Horvath (Orvath?); el belga John Lassen; el norteamericano Charles Moore (Moor?); el inglés George Fougoud (Jouguod?); y el maltés Esteban Despots. Sobresalían también en la tripulación algunos griegos, como descendientes del afamado Temístocles, y que eran: el contramaestre Constantino Micalbi, el condestable Vicente Equabil, el timonel Eduardo Cornelius, el capitán de altos, Pulo, y el más griego de todos, el fogonero Pedro Estamatópolis.
Días mas tarde, fondeados en Iquique y participando en el bloqueo de dicho puerto, cuando el Almirante Williams Rebolledo adoptó la decisión de zarpar con sus mejores unidades en busca de una definición táctica sobre la fuerza naval peruana, que nos llevaría a obtener el dominio del mar, la corbeta “ESMERALDA” y la goleta “COVADONGA” se mantuvieron patrullando el nortino puerto, lo que significó efectuar algunos cambios de personal. Es así como el Comandante Manuel Thomson traspasó el mando de la primera de ellas al Capitán Arturo Prat Chacón, quien en su condición de abogado se desempeñaba hasta ese entonces como oficial secretario del Comandante en Jefe de la Escuadra. Respecto a la tripulación también hubo modificaciones ya que se escogió a los más expertos para incorporarse a las unidades que se desplazarían hacia el Norte, lo que significó que mucha gente joven y poco fogueada fuera trasladada a las dos pequeñas naves que se quedarían en Iquique. Estos muchachos, que por su condición modesta vestían casi con algunos harapos que alegremente llevaban puestos, eran denominados familiarmente como “pililos” - epíteto de la época que emplea Benjamín Vicuña Mackenna para referirse a ellos - , y fueron magníficos protagonistas de gran parte de la lid, tanto en sus etapas previas, como durante su desarrollo.
Así cabe destacar lo que pasó antes de iniciar el combate y cuando se les ordenó clavar nuestros pabellones nacionales en el tope de los cuatro palos de la corbeta, o sea, en la perilla de los mástiles, operación que presenciaron los peruanos desde la playa con cierto asombro. Subían con gran esfuerzo y mucha prestancia para, premunidos de clavos y martillos, asegurar nuestra enseña patria en lo más alto, demostrando de ese modo al adversario que no se rendirían, como éste lo esperaba ante la disparidad que se apreciaba entre ambas fuerzas. Relacionado con esto mismo, es válido señalar que según los anales históricos disponibles, se puede saber que dentro de la dotación total de la “Esmeralda” había veinte muchachos menores de dieciocho años, de los cuales dos eran de catorce y uno de quince, como Gaspar Cabrales, corneta de órdenes del Comandante Prat y que murió acribillado por quince proyectiles en los momentos en que el “HUÁSCAR” efectuaba su primer espolonazo, no pudiendo de esta forma hacer con su instrumento el toque que aquél le había ordenado para llamar a toda su gente al abordaje. De este modo y con la potente arenga de su Comandante, el entusiasmo prendió en los corazones de toda la tripulación de la querida “Mancarrona” – como afectuosamente la llamaban – y los espíritus de los chilenos y extranjeros que estaban a bordo no vacilaron en enfrentar al poderoso blindado peruano pese al exiguo armamento de su propia nave en comparación con el del monitor que, desde el comienzo de la lid y en cada uno de los tres abordajes, descargó toda su artillería contra las cubiertas del débil y casi inmóvil buque chileno, haciendo con ello una verdadera carnicería entre su dotación, la que nunca escabulló el enfrentamiento.
Fué así como a las 12.10 horas del 21 de Mayo de 1879, la vieja y herida corbeta “ESMERALDA”, con todas sus banderas al tope, se sumergió en las quietas y enrojecidas aguas de Iquique para, haciendo honor a su lema: “Gloria y Victoria”, depositarse suavemente en el lecho marino en donde aún permanece como un testimonio de la bravura de un grupo de marinos que nunca se rindieron y es más, lucharon hasta entregar sus propias vidas, como sucedería también más tarde con nuestros soldados en Tarapacá y La Concepción.
Es por esto que nuestra esforzada raza chilena y en particular su juventud, tendrán de por vida un valioso legado en el ejemplo de esos muchachos que dieron sus vidas por la Patria, homologando a su comandante, quien no vaciló en saltar al abordaje cuando el blindado peruano embistió su nave con gran fuerza y descargando sobre ella toda su poderosa artillería.
Los nombres de quienes integraron esa dotación inmortal no sólo están grabados hoy en el bronce de la historia, sino en los anales patrióticos más destacados de nuestra nación. Somos un pueblo que sigue sabiendo enfrentar todo tipo de dificultades gracias a la sangre que corre por nuestras venas.
J. Horacio Balmelli Urrutia
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