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MULTAS APLICADAS POR EL ESTADO |
Por contaminación o infracciones a la ley laboral, y ahora también por las falencias del Transantiago, se suele aplicar multas a las empresas, sanciones pecuniarias que indudablemente van a engrosar las arcas fiscales, para que los mandamases del Estado tengan a su disposición sumas de dinero que no figuran en el presupuesto anual. En eso consisten las multas; en el fondo son un negocio compartido por las empresas y el Estado; mientras las primeras son causantes de la polución o abusan de quienes trabajan para ellas, las autoridades las “castigan” obligándolas a pagar una cantidad de dinero que supuestamente compensaría el daño ocasionado. Mentira; lo único que podría efectivamente constituir una reparación del mal causado, sería la aceptación de la responsabilidad del sector empresarial frente a la comunidad afectada por sus negligencias o ante la gente que trabaja para ella, ya sea efectuando las obras que mitiguen el deterioro ambiental, mejorando el mal servicio prestado, o cancelando a los trabajadores perjudicados un bono extra. Lo demás es pura sinvergüenzura y corruptela entre las empresas y los dueños del Estado. Las multas, de la forma como hoy se conciben, vienen a ser en muchos casos una coima con que las empresas compran el silencio de las “autoridades”. (slch)
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