| OPTIMISMO NACIONALISTA |
|
Cuando en nuestro país se escuchan nuevamente los sones de ruidosas manifestaciones callejeras (protagonizadas por unos pocos ilusos o alquilados), en apoyo a quienes son candidatos a las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, cuando se llenan las paredes de rayados y costosos carteles, cuando retornan antiguas consignas y promesas jamás cumplidas en el pasado, cuando la televisión se satura de entrevistas y foros en que los aspirantes, o sus comandos, balbucean “con convicción” programas de gobierno confeccionados sobre la marcha, o se anuncian acciones que nunca serán realidad, cuando se entrecruzan acusaciones diversas para desprestigiar al contrario y al final todos resultan salpicados por la corrupción, cuando se levantan candidaturas grotescas de individuos que renuncian previamente a sus partidos de origen, cuando los medios de comunicación difunden en sus primeras planas lo anecdótico e intrascendente de las campañas, cuando se conoce las cifras millonarias que, a pesar de su inutilidad, se gasta en cada elección, cuando ya nadie entiende nada y sólo se percibe que las cosas van de mal en peor, una atmósfera deprimente envuelve entonces al pueblo chileno.- En estas circunstancias no debe sorprendernos que los cesantes se suiciden, que la juventud ahogue su desesperanza en alcohol y drogas, y que los antisociales, aprovechando el caos reinante, se entreguen impunemente a la comisión de sus crímenes.- Quien se aproxima a los orígenes, a Un nacionalista chileno es y debe ser siempre optimista, no porque crea que un prodigio va a modificar radicalmente el orden moral, político y social en el que le ha correspondido vivir, sino porque confía en la fortaleza que aún subsiste en los elementos sanos de nuestro pueblo, la que barrerá, en cuanto llegue la ocasión, hasta los más mínimos vestigios de un mundo decadente, desprovisto de vitalidad evolutiva, sin porvenir, con la vista posada en su tumba en lugar de estar dirigida hacia alturas de grandeza. Esa y no otra es la esencia de nuestro entusiasmo; el escepticismo o lo que es igual, el conformismo frente a la situación actual de nuestra sociedad, sólo conduce a una vida anodina, meramente vegetativa. En cambio, la apuesta nacionalista es jugarse por un mundo nuevo o, mejor dicho, por la recuperación del proyecto hombre original, perdido en una humanidad regida por los supuestos de la cultura semítica que todo lo desnaturaliza, empobrece y corrompe. Chile logrará levantarse de las tinieblas en un venidero orden nacionalista, donde las existencias de los chilenos y chilenas auténticos alcanzarán pleno sentido. (slch) |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|