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INSCRIPCIÓN AUTOMÁTICA Y VOTO VOLUNTARIO |
Con gran despliegue publicitario, la clase política dio luz verde al proyecto de ley que establece la inscripción automática en los registros electorales y el voto voluntario en los eventos eleccionarios.- Tal modalidad de “participación” ciudadana comenzaría a regir a contar de los comicios municipales de este año 2012.-
Indudablemente, la idea del gobierno y los legisladores es dar todas las facilidades para que chilenos y chilenoides concurran a votar, eliminando los trámites burocráticos en las Juntas Inscriptoras que antes podrían haber desalentado a millones de potenciales “electores” - jóvenes en su gran mayoría -; aunque quienes están inscritos saben que la diligencia aludida demora apenas 5 minutos.-
Nadie ignora que la verdadera razón para que un número muy superior a los 4 millones de chilenos no se haya incorporado hasta ahora al padrón electoral – más que la comodidad o la escasez de tiempo -, es el nulo interés por intervenir en aquellos periódicos actos en que la ciudadanía simplemente acude a confirmar a individuos previamente designados por las directivas partidarias para ocupar los distintos cargos de “representación popular”.-
El proyecto comentado, hoy convertido en ley, es un reflejo de la preocupación que provoca en la clase política la baja participación ciudadana en las diversas y frecuentes “elecciones”, situación que a pasos agigantados – se quiera o no reconocer – va restando legitimidad al sistema político vigente.- Tanto los partidos de gobierno como los de oposición, desean convencerse de que tan escaso respaldo a una “democracia” desacreditada hasta niveles inquietantes, podría revertirse con la "genial" ocurrencia de establecer la inscripción universal y el voto voluntario.- Pero, lo más probable es que quienes antes podrían haber experimentado algún grado de desasosiego por no encontrarse inscritos, hoy se sientan plenamente amparados por esta nueva ley que les permite continuar ejerciendo, ahora como derecho legalmente consagrado, la opción de no votar practicada durante años.-
Algunos de los “técnicos” que participaron en el proceso de elaboración y discusión de este proyecto, propusieron imponer por ley la inscripción automática y el voto obligatorio, argumentando que votar no es sólo un derecho sino un deber ciudadano.- Tal pretensión, que se funda en una falacia que otorga calidad de participación al simple hecho de rayar una cédula de votación, tiende a evitar que el aumento sustancial del número de “electores” mediante la inscripción automática, ponga aun más en evidencia el desinterés de los chilenos por un sistema político que no interpreta el sentir de la mayoría nacional.- Presienten los "expertos" que la libertad de sufragio aumentará de manera dramática el porcentaje de abstención que se viene dando con la actual legislación, pues imaginan, razonablemente, que una vez establecida la voluntariedad, muchos ciudadanos – especialmente los más pobres - que antes votaban sólo por temor a ser sancionados con multa si no lo hacían, hoy podrán quedarse tranquilamente en sus casas ocupados en alguna actividad provechosa.-
Hay, en consecuencia, motivos fundados para inquietarse por el futuro de esta ley.- Si la asistencia de la ciudadanía a los comicios venideros disminuyera a niveles aun más bajos que los actuales, la clase política podría sentirse tentada de volver al voto obligatorio, manteniendo la inscripción automática o forzosa.- Es que para los políticos profesionales cualquier medio es válido a la hora de ahogar el creciente rechazo ciudadano que perciben en las abstenciones, votos nulos y blancos, y en las manifestaciones callejeras; mientras mantengan el control del Estado, jamás renunciarán de buena gana a los privilegios que hoy disfrutan.-
Esta reforma politiquera, junto con la anunciada modificación al sistema electoral “binominal” y la realización de "primarias" al interior de las coaliciones - todo ello destinado sólo al fortalecimiento de los partidos políticos -, en nada contribuyen al mejoramiento de las condiciones políticas, sociales y económicas del pueblo chileno; al contrario, son una muestra más de que la nación y la dirigencia estatal marchan por rutas irremediablemente divergentes.-
Lo que cabe preguntarnos entonces es hasta qué punto seguiremos permitiendo tan antinatural estado de cosas.-
La democracia, la verdadera democracia - no esta simulación grosera que no pasa de ser la continuación en "libertad" de la dictadura de la banca y las multinacionales -, no se basa en una seguidilla de falsos y nauseabundos procesos “eleccionarios”.- Votar en esta democracia de utilería, no es sino entregar cándido respaldo ciudadano a un puñado de tiranuelos que una vez “elegidos” se olvidan de sus promesas y de quienes sufragaron por ellos, para destinar tiempo y recursos nacionales a dar rienda suelta a sus apetitos personales y partidarios.-(slch)<14/01/2012>
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