| FIN A LA ECONOMÍA JUDEO-MARX-CAPITALISTA |
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El Banco Central anunció el martes
recién pasado el alza de las tasas de interés, desde 6,25% anual, a un 6,75%.-
Los cardenales del instituto emisor decidieron tomar esta medida con el fin de
frenar la elevada inflación acumulada en los últimos 12 meses, registrada al cierre del mes
de mayo (8,9%); ante una situación que se les escapaba de las manos, y a pesar
de sus sesudas reuniones y supuestos seguimientos del comportamiento de la
economía, optaron por la salida que hasta un niño de educación básica habría
propuesto, pero que no era posible esperar de quienes tienen por misión (y para
eso se les paga, y demasiado bien) solucionar los problemas de la comunidad
nacional y no agravarlos.- Este acuerdo del último cónclave del Directorio del
Banco Central, dictatorial como los que toman habitualmente los distintos
poderes y reparticiones estatales, viene a incrementar las enormes diferencias
sociales que hoy existen en nuestro país, y demuestran que el Estado
antichileno se encuentra al servicio de un sector muy minoritario.- ¿Por qué
decimos esto? Es muy sencillo; cualquiera puede darse cuenta que la inflación
no la generan quienes viven del salario mínimo, ni la mayoría que vive con un
sueldo un poco mayor al “legal”, ni la clase media; la inflación es generada por aquellos que
poseen un alto poder adquisitivo, pues ellos son los únicos que pueden presionar
de manera significativa sobre los precios, con su elevada demanda; habría que
ser muy ciego para no ver esta realidad.- Sin embargo, cuando hay que efectuar
un ajuste de tasas para evitar el descalabro, también son los grupos de mayores
recursos quienes salen beneficiados, pues como tienen capacidad de ahorro, ven
crecer sus inversiones en las instituciones financieras. No podemos dejar de
señalar aquí, que es la judería, principalmente, la que gana con la inestabilidad
económica, porque tanto la inflación como las altas tasas de interés le permite
engrosar su riqueza; los judíos ganan como rentistas, ya que sus propiedades
las arriendan en UF, y también como prestamistas, con cada aumento de tasas; no
es casualidad entonces que las mayores utilidades sean obtenidas por la banca. En
cambio, la pequeña y mediana empresa, y en particular los trabajadores de este
sector, sufren la dureza de las medidas que los amos del Estado determinan de
común acuerdo con los grandes y poderosos grupos económicos, “chilenos” o
transnacionales; la clase media en tanto, y los grupos más pobres, ven aumentar
sus dividendos o sus arriendos, dispararse el precio de los productos básicos,
y deteriorarse su calidad de vida, sin que tengan los medios para revertir las
consecuencias de tanta arbitrariedad.-
Como se puede ver el alza de las tasas
de interés no es la solución adecuada para contener el aumento de los precios, pues tal
medida causa más daño que beneficios a la mayor parte de la población, la que ve devanecerse la alternativa del crédito como medio para acceder a bienes y servicios que siendo muy necesarios, sus salarios no alcanzan a cubrir.
Es entonces el sistema económico, político y social, vigente, el
culpable de tanta calamidad; es el sacrosanto mercado con su doble estándar: totalmente libre para los que,
desprovistos de voz, no tienen como defenderse
de sus efectos, y regulado todas las veces que sea necesario para
quienes tienen peso ante los mandamases del Estado o están efectivamente
representados en el Parlamento y en el Gobierno. El ejemplo más reciente lo
constituye el reciente paro del poderoso gremio de los camioneros, que impidió
el funcionamiento del país durante varios días; para darle solución se accedió
casi al cien por ciento de sus demandas, de manera apresurada, mientras madame
Bachelet ya tenía un pie en el avión para iniciar otro viaje por el mundo; por
este motivo no se contempló en el acuerdo que terminó con esta huelga, a otros
sectores que seguramente también se movilizarán exigiendo iguales beneficios.
La mayoría de los miembros de la nación no cuenta con los medios para
protestar, el pueblo chileno (observen bien) tiene menos peso que unos cuantos empresarios;
y no es sólo esto, además de no contar con la organización y la capacidad para
hacerse escuchar que poseen los gremios o sindicatos más poderosos, debe
aceptar calladamente el empeoramiento de sus condiciones de vida para que los
menos obtengan lo que su poder, y nada más que ello, les puede otorgar.
Las condiciones en que vive cada chileno debieran ser motivo de
preocupación constante para los demás miembros de la sociedad.- Así también, en
las negociaciones de gremios y sindicatos con el gobierno tendrían que
participar activamente representantes de otros sectores y, en primer lugar, de
la ciudadanía en general; toda la comunidad nacional debe tomar conocimiento no solamente del
resultado de las peticiones de determinados grupos empresariales o sindicales,
lo realmente importante es que la comunidad sea la que decida si las demandas son
razonables y susceptibles de ser satisfechas; esta es la única manera de darle
transparencia a estos acuerdos y evitar que se transformen en convenios
mafiosos entre quienes han hecho de Chile un gran negocio (para ellos,
obviamente).- De nuestra Patria tiene que desaparecer el lucro; empresarios y
trabajadores no pueden sino aspirar a una remuneración que les permita vivir
decentemente; en caso contrario y en tanto el enriquecimiento sea la meta de un
grupo minoritario, y la envidia y resentimiento dominen al resto, el país
seguirá siendo un caos de desigualdades, delincuencia creciente,
improvisaciones, y pérdida del sentido de pertenencia, condición esta última
que nos debilita frente a los enemigos exteriores e internos de Chile.- (slch) |
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